Miro mi mano alzada a la altura de mis ojos
Pero lejos de este que supuestamente soy yo
La miro con admiración sincera
Existo, supongo y pienso
La noche de la ciudad es otra vez
Noches que prometían misterios
Y hoy solo traen recuerdos
Me niego a creer que esto era todo
Mi mano toma vida propia
Se mueve contorneándose como serpiente
Sigue la música de mis audífonos
Le sigo su danza rebelde de mi
Pienso en esas y esos que no son pensados
Más que en oraciones lejanas
Esos escondidos entre escombros
Deseando fervientes no ser encontrados
Pienso, mientras mi mano crea ondulaciones,
En la locura de creerse importante, único, especial
Minutos atrás estuve sentado en la taza de baño
Me río con el recuerdo de mi humanidad
Me observan al pasar, mientras les observo desde lejos
Unas se arreglan el pelo con innecesaria insistencia
Otros pasan serios e importantes
Algunas pasan en silencio, absortas en su miseria
El cielo es gris, cargado, nubloso, afectado
Se traga los sonidos de esta existencia
Soy solo mi mano y su rebeldía
Se abre y me muestra su palma (mi palma)
“Aprender a pensar”, lo sigo diciendo
Como el loco de mi padre ya repito frases
Y van cobrando sentido y fuerza
“Nunca nos enseñaron a pensar”
El bus se detiene cansado frente mío
Catorce personas cuento entre semáforos
Ocho miran su teléfono, se llenan de imágenes y palabras
Uno mira a la mujer de adelante perdido en sus sueños
La mujer ausente en la diminuta pantalla de poderes inmensos
Tres miran incómodos hacia la calle
Viajar entre ajenos es desafiante
Otro conduce en silencio, mecánico, ausente
Para cuando me doy cuenta que soy observado
Ya el bus emprende el paso cansado
Nos seguimos con la vista
Creo que quise reír, ¿o fue ella?
Miro como se aleja esa mancha roja de fierros y ruedas
Mi mano decide seguirme el hilo de pensamiento
Dibuja los contornos del bus mientras va desapareciendo
Casi acariciando la distancia, la mía con la de ellos
La de ellos con los demás pasajeros
La distancia con ellos mismos
Un carro policial pasa lento, me miran, me asusto
Le susurro a mi mano: “para, estás llamando la atención”
Nada, y sigue su baile solitario y sé que me está acariciando
A su manera, a su estilo, a su posibilidad
No temas, parece decirme, todo saldrá bien
Pero estoy tan cansado, le digo
Tan lejos de la esperanza, del optimismo
De la fe ciega y el acto de decisión
“Nadie cambia el mundo por si solo”
Responde
¿Estoy loco, cierto?, pregunto
No responde, no hay necesidad
No hay problema en estar loco
El problema es no estar lo suficiente para visitarles
Entre balas y violencias
Y abrazar a la mujer del velo
Al chico del arrabal
Al viejo de la hospedería
Que se quedó esperando que las cosas cambiaran
Que la luz y las alegrías
La honestidad y la decencia
Somos uno, siempre lo supe, divididos en mil pedacitos
Millones de milagros, enceguecidos, olvidados de nosotros mismos
Perdidos, náufragos
Aferrados a cualquier cosa que nos brinde piso
Queremos lo mejor para todos
Pero nos falta locura para repartirla
Me falta locura para olvidarme de mi mismo
Por eso mi mano esta tarde tomó la palabra
Me llevo puesto demasiado y siempre
Y cualquiera se cansa de llevarse puesto
Y esta mano que ahora cierra los dedos y se empuña
Con fuerza, como diciendo
“Estás perdido, estás solo, estás lejos
Pero no importa ya más
Porque ha fuerza de olvidar, empiezas a recordar
Vuelves a sentir lo que siempre fuiste”
Perdonar los errores míos
Entender los tuyos, de ellos, de ella
Abrazar y amar, o al menos estar listo para cuando
Alguien se acerque a ti a necesitarte
Miro esta mano, que empieza a olvidarse de sí misma
Y se regresa a mi cuerpo, cada vez más lenta en su danza
Ajena y atenta a todo
Hasta fundirse conmigo de vuelta
Y entiendo, por fin entiendo
Y con los ojos cerrados, recuerdo con claridad
Cada vez que usé mis manos para abrazar, tocar, animar
Para pedir ayuda, para acompañar, para sostener
Para ser sostenido y entendido
Cada vez que usé mis manos para acariciar, amar
Recorrer y electrificar, construir y destruir
Escribir y corregir, levantar y arrojar
Cada vez que acaricié su pelo, su mejilla
Sus labios, su cuerpo frágil, como el mío
O papá acostado, los dos en la penumbra, su voz diminuta
Mi caricia en su frente, ausente hoy, pero tesoro de mis manos
Mamá y la única razón de volver
Mis manos, que cansadas o listas, siempre estuvieron
Y están, estarán, haciendo lo correcto
Y si me faltasen las manos, pues con los pies
Con los labios, la frente, el ombligo,
Las piernas, el alma y la rabia
El amor, la pasión, la justicia y la indignación
Que se cansen otros, que se guarden las manos otras
Que yo solo sé usar mis manos para crear puentes
Para a la distancia o aquí mismo, tocar al que sufre
A la perseguida, para recoger piedras entonces
Y lanzarlas al abusador, y si no hace falta en el momento
Pues entonces hacer caminitos de miniatura con ellas
Para que crucen caracoles de forma segura la acera
En los días de lluvia y tierra mojada
Y nada de esto es merito mío, sino de esas otras manos
Cientos de otras manos, que danzando recogieron mis mil pedazos
Una y otra vez, de ida y de vuelta
Con nombres y apellidos, de familia, hermanas, primas y primos
Amigos y prójimos
No nací solo, nací abundante
Nací frágil y vasto, como todos y cada quien
Ya mi mano es mía de nuevo
La tarde se ha vuelto noche, la luz es de faroles
El frío cala, pero asienta bien
Y pienso en los millones por ahí
Allá en Arica, en la India, en Afganistán
En Chile, en Padre Hurtado, en Suiza
En Santiago, en Berlín, en Rancagua
En África, en Gaza, en Beirut
En los animales que de este lado se acuestan
Y los de allá que se levantan
En el amor que siento, y que, aunque herido, seguiré sintiendo
Y que soy tan necesario como tú, como todos
Como los buenos, las que luchan
Vivir no es fácil, lo sabemos
Y para volverse loco, tengo que merecerlo
Mas manos, menos dinero
Más de eso que son ustedes,
Y menos de eso que es el miedo.
Vlad [Mad]
Estocolmo, 20 de septiembre del 2021.

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